ÁMATE A TI MISMO…

OSHO.1

ÁMATE A TI MISMO Y OBSERVA –

HOY, MAÑANA Y SIEMPRE.

 

ÁMATE A TI MISMO…

Que es exactamente lo contrario de lo que han predicado todas las tradiciones del mundo, todas las civilizaciones, todas las culturas, todas las iglesias. Te dicen: Ama a tu prójimo, no te ames a ti mismo. Pero tras esa enseñanza se oculta una astuta estrategia.

El amor es el alimento del alma. El amor es al alma lo que la comida al cuerpo. Sin comida, el cuerpo se debilita, sin amor, el alma se debilita. Y ningún estado, ninguna iglesia, ningún interés privado ha querido jamás que las personas tuviesen un alma fuerte, porque una persona con energía espiritual acabará siendo rebelde, revolucionaria. El amor te proporciona alas para volar alto. El amor te proporciona claridad de visión, así que, nadie puede engañarte, explotarte, oprimirte. Sacerdotes y políticos viven a expensas de tu sangre; viven de la explotación. Son parásitos, todos los sacerdotes y todos los políticos.

Han descubierto un método seguro, absolutamente infalible, para debilitarte espiritualmente, se basa en enseñarte que no has de amarte a ti mismo; porque si un hombre no se puede amar a sí mismo tampoco puede amar a nadie más. La enseñanza es muy taimada. Te dicen: Ama a tu prójimo; porque saben que si no te puedes amar a ti mismo, no puedes amar en absoluto. Pero, no dejan de decir: Ama a tu prójimo, ama a la humanidad, ama a Dios, ama a la naturaleza, ama a tu mujer, a tu marido, a tus hijos, a tus padres, pero no te ames a ti mismo; porque, según ellos, amarse a uno mismo es egoísta.

Y condenan el auto-amor más que ninguna otra cosa; y han conseguido que su enseñanza parezca muy lógica. Te dicen: Si te amas a ti mismo, serás un egoísta, si te amas a ti mismo, serás un narcisista. Eso no es verdad. Un hombre que se ama a sí mismo descubre que no existe ningún ego en él. Lo que hace surgir el ego es amar a los demás, intentar amar a los demás, sin amarse a uno mismo.

Los misioneros, los reformistas sociales, los servidores sociales, poseen los mayores egos del mundo; es natural, porque se creen a sí mismos seres humanos superiores. Ellos no son corrientes –las personas corrientes se aman a si mismas–, ellos aman a otros, aman grandes ideales, aman a Dios. Pero su amor es falso, porque es un amor que carece por completo de raíces.

El hombre que se ama a sí mismo da el primer paso hacia el verdadero amor.

Es como cuando tiras una piedra a un lago tranquilo: las primeras ondas circulares surgirán en torno a la piedra, naturalmente; ¿de dónde iban a surgir sino? Y, luego, se irán extendiendo; llegarán hasta la orilla más lejana. Si no dejas que surjan esas primeras ondas en torno a la piedra, no habrá ninguna otra. Entonces, no puedes esperar que se formen ondas que lleguen a la orilla más lejana; es imposible.

Y los sacerdotes y los políticos se dieron cuenta de ese fenómeno: impide que las personas se amen a sí mismas y habrás destruido su capacidad de amar. Entonces, lo que quiera que piensen que es amor, será pseudo. Puede que sea deber, pero no amor; y deber es una sucia palabra que deja mal sabor de boca. Los padres cumplen con su deber de padres hacia sus hijos y, luego, a cambio, los hijos cumplirán con su deber de hijos hacia sus padres. La esposa cumple con su deber de esposa hacia su marido y el marido el suyo hacia su esposa. ¿Dónde está el amor?

El amor no sabe nada del deber.

Pero, durante siglos, te han estado cortando y envenenando tus raíces. Han hecho que te dé miedo enamorarte de ti mismo, que es el primer paso del amor, la primera experiencia. El hombre que se ama a sí mismo, se respeta a sí mismo, y el hombre que se ama y se respeta a sí mismo también ama y respeta a los demás, porque sabe: “Los demás son como yo. A ellos también les gusta el amor, el respeto, la dignidad, como a mí”. Se da cuenta de que no somos diferentes; en lo que respecta a lo fundamental, somos uno. Estamos bajo la misma ley: AES DHAMMO SANANTANO.

Buda dice: Vivimos en la misma ley eterna. En detalles, podemos ser un poco diferentes los unos de los otros –eso aporta variedad, lo cual es hermoso– pero en lo fundamental, formamos parte de una naturaleza.

El hombre que se ama a sí mismo disfruta tanto del amor, se vuelve tan feliz, que el amor empieza a rebosar, empieza a llegar a los demás. ¡TIENE que llegar! Si vives amor, tienes que compartirlo. No puedes seguir amándote a ti mismo por siempre, porque, sin duda, comprenderás que si amar a una persona, a ti mismo, es algo tan tremendamente extático y maravilloso, ¡la cantidad de éxtasis que te espera, al compartir tu amor con un gran número de personas, será inmensa!

Lentamente, las ondas van llegando cada vez más lejos. Cuando amas a otras personas, también empiezas a amar a los animales, los pájaros, los árboles, las rocas. Puedes llenar todo el universo con tu amor. Una sola persona es suficiente para llenar todo el universo de amor, una sola piedra puede llenar todo el lago de ondas; una pequeña piedra.

Solamente un Buda puede decir: ÁMATE A TI MISMO… Si a un hombre no se le permite amarse a sí mismo, amar su espíritu, su alma, se va debilitando día a día. Aunque su cuerpo esté creciendo, no hay crecimiento interior, porque carece de nutrición interior. No pasa de ser un cuerpo casi sin alma, sólo con la potencialidad, la posibilidad, de un alma. El alma se quedará como semilla, y seguirá como semilla si no consigues encontrar el suelo adecuado para ella. Y si sigues la estúpida idea de “no te ames a ti mismo”, no lo encontrarás

Primero, dirige tu luz hacia ti mismo, primero, sé una luz para ti mismo. Deja que la luz disipe tu oscuridad interior, tu debilidad interior. Deja que el amor haga di ti un enorme poder, en una fuerza espiritual. Y cuando tu alma es poderosa, sabes que no morirás, que eres inmortal, que eres eterno.

El amor te proporciona el primer atisbo de eternidad; el amor es la única experiencia que trasciende el tiempo. Por eso, los amantes no sienten miedo a la muerte: el amor no sabe nada de la muerte. Un solo momento de amor es más que toda una eternidad. Pero el amor debe comenzar por el principio. El amor debe comenzar con este primer paso: ÁMATE A TI MISMO…

No te condenes a ti mismo. Te han condenado mucho, y has aceptado todas las condenas. Ahora, sigues haciéndote daño a ti mismo. Nadie se considera lo bastante digno, nadie se considera una hermosa creación de Dios; nadie se considera necesario en absoluto.

Esas son ideas venenosas, pero es que has sido envenenado. Has sido envenenado con la leche de tu madre; y así ha sido todo tu pasado. La humanidad ha vivido bajo una nube oscura, negra, de autocondena. Si te condenas a ti mismo, ¿cómo vas a crecer? ¿Cómo vas a ser capaz de madurar algún día? Si te condenas a ti mismo, ¿cómo vas a venerar a la existencia? Y si no puedes venerar a la existencia, no podrás venerar la existencia en otros; es imposible. Sólo puedes formar parte del todo cuando sientes un gran respeto por el Dios que reside en ti.

Te dicen: Ahora, ama a la humanidad, a tu tierra natal, a tu patria, a la vida, a la existencia, a Dios. Grandes palabras, pero carentes de todo sentido. ¿Te has cruzado alguna vez con la humanidad? Siempre te cruzas con personas; y has condenado a la primera persona con la que te has cruzado, que eres tú. No te has respetado a ti mismo, no te has amado a ti mismo. Ahora, toda tu vida se desperdiciará en condenar a los demás.

Por eso la gente es tan buena para encontrar faltas. Encuentran faltas en ellos mismos; ¿cómo van a evitar encontrar esas mismas faltas en los demás? De hecho, las encontrarán y las magnificarán, las dilatarán todo lo que puedan. Al parecer, ese el único mecanismo de salvación, lo tienes que hacer para justificarte de algún modo. Por eso hay tanta critica y tanta falta de amor.

Él dice: ÁMATE A TI MISMO… Esto puede ser los cimientos de una transformación radical. No tengas miedo de amarte a ti mismo. Ama totalmente, y te sorprenderás: el día que consigas deshacerte de toda autocondena, de toda falta de respeto hacia ti mismo, el día que consigas deshacerte de la idea del pecado original, el día que consigas considerarte a ti mismo digno y amado por Dios, será un día de una gran bendición. A partir de ese día, empezarás a ver a las personas en su verdadera luz, y serás compasivo. Y no será una compasión cultivada; será un flujo natural, espontáneo.

Una persona que se ama a sí misma puede volverse meditativa muy fácilmente. Meditación significa estar contigo mismo. Si te odias, ¿cómo vas a estar contigo mismo? Meditación no es otra cosa que disfrutar de tu hermosa soledad, celebrándote a ti mismo; en eso consiste la meditación.

La meditación no es una relación; no se necesita al otro en absoluto, uno es suficiente en sí mismo. Uno es bañado por su propia gloria, por su propia luz. Uno está simplemente feliz por estar vivo, por existir.

El mayor milagro del mundo es que tú existas, que yo exista. EXISTIR es el mayor milagro, y la meditación abre las puertas a este gran milagro. Pero sólo puede meditar un hombre que se ama a sí mismo; porque sino, siempre estás huyendo de ti mismo, eludiéndote a ti mismo. ¿Quién quiere mirar a una cara fea y quién quiere penetrar en un ser feo? ¿Quién quiere embarrarse a fondo en su propio lodo, en su propia oscuridad? ¿Quién quiere entrar en el infierno que tú crees que eres? Quieres mantener todo eso cubierto con hermosas flores y huir siempre de ti mismo.

De ahí que la gente esté buscando compañía continuamente. No pueden estar con ellos mismos; quieren estar con otros. La gente busca cualquier tipo de compañía; si pueden evitar su propia compañía cualquier cosa les vale.

No tenemos mucho tiempo; no tenemos suficiente tiempo para crecer, para ser, para disfrutar. Este es uno de los principales problemas generados por una educación errónea: que te evitas a ti mismo.

Todos los niños nacen hermosos pero, luego, empezamos a distorsionar su belleza, mutilándoles en muchos sentidos, paralizándoles en muchos sentidos, distorsionando sus proporciones, desequilibrándoles. Tarde o temprano, acaban tan asqueado de sí mismos que están dispuestos a estar con quien sea.

ÁMATE A TI MISMO…, dice Buda. Y eso puede transformar el mundo entero. Puede acabar con todo el horrible pasado. Puede anunciar una nueva era, puede ser el comienzo de una nueva humanidad.

De ahí, mi insistencia en el amor; pero el amor comienza por ti mismo, después, puede empezar a expandirse. Se expande por sí solo; tú no tienes que hacer nada para que se expanda. ÁMATE A TI MISMO…, dice Buda; e, inmediatamente, añade: Y OBSERVA… Eso es meditación, así es como Buda llama a la meditación. Pero el primer requisito es amarte a ti mismo, y luego, observar. Si no te amas a ti mismo y empiezas a observar, es posible que te entren ganas de suicidarte.

Sócrates dice: Conócete a ti miso, Buda dice: Ámate a ti mismo. Buda es mucho más certero, porque mientras no te ames a ti mismo no te conocerás a ti mismo; el conocimiento es posterior, el amor abona el suelo. El amor es la posibilidad de conocerse a uno mismo, el amor es la forma correcta de conocerse a uno mismo.

Nadie piensa que amarse a sí mismo haya de ser los cimientos del conocerse a uno mismo, de observarse a uno mismo… porque hasta que no te conoces a ti mismo no puedes afrontarte a ti mismo, lo evitarás. Incluso tu propio observar puede ser una forma de evitarte a ti mismo.

Primero:

ÁMATE A TI MISMO Y OBSERVA –

HOY, MAÑANA, SIEMPRE.

Genera energía amorosa a tu alrededor. Ama tu cuerpo, ama tu mente. Ama todo tu mecanismo, todo tu organismo. “Ama” significa: acéptalo tal como es, no intentes reprimir. Sólo reprimimos algo cuando lo detestamos, cuando nos parece mal. No reprimas, porque si lo haces, ¿cómo vas a observar? Al enemigo, no le podemos mirar cara a cara; sólo podemos mirar cara a cara a los que amamos. Si no te amas a ti mismo, no serás capaz de mirarte a tus propios ojos, a tu propia cara, a tu propia realidad.

Observar es meditación, es el nombre que Buda le da a la meditación. La consigna de Buda es ‘observa’. Él dice: Estate atento, alerta, no estés inconsciente. No vayas por ahí como adormilado. No sigas funcionando como una máquina, como un robot. Que es como funciona la gente.

La gente VIVE inconscientemente: no es consciente de lo que dice, de lo que hace; no está alerta. La gente no ve, supone; no tienen visión alguna, no pueden tenerla. La visión sólo se adquiere a través de la gran observación, entonces, puedes ver hasta con los ojos cerrados. Ahora mismo, tú no puedes ver ni con los ojos abiertos. Supones, infieres, impones, proyectas.

Tu mente está proyectando siempre; proyectándose a sí misma. Tu mente está interfiriendo en la realidad constantemente, dándole un color y una forma que no son los suyos propios. Tu mente no te permite nunca ver aquello que es.

Meditación significa dejar la mente a un lado para que deje de interferir en la realidad y puedas ver las cosas tal como son. ¿Por qué interfiere la mente?: porque ha sido creada por la sociedad. Es un agente de la sociedad infiltrado en ti; no está a tu servicio, ¡recuerda! Es tu mente pero no está a tu servicio; conspira contra ti. La sociedad la ha condicionado; la sociedad le ha implantado muchas cosas. Es TU mente, pero ya no está a tu servicio; está al servicio de la sociedad.

En la Tierra hay tres mil religiones –religiones grandes, religiones pequeñas, sectas muy pequeñas y sectas de las sectas–, en total son tres mil. Así que existen tres mil mentes, tipos de mentes; ¡pero, la realidad es una, Dios es uno, la verdad es una!

Meditación significa: dejar la mente a un lado y observar. El primer paso –ÁMATE A TI MISMO– te será de gran ayuda. Amándote a ti mismo, eliminarás gran parte de lo que la sociedad ha implantado en ti. Serás más libre de la sociedad y sus condicionamientos.

Y el segundo paso es: observa; simplemente, observa. Buda no dice lo que hay que observar: ¡todo! Al caminar, observa tu caminar. Al comer, observa tu comer. Al ducharte, observa el agua, el agua fresca cayendo sobre ti, el tacto del agua, la frescura, el escalofrío que recorre tu espina dorsal; obsérvalo todo, HOY, MAÑANA, SIEMPRE.

Hasta que, finalmente, llega un momento en el que puedes observar incluso mientras duermes. Ese es el punto álgido en el observar. El cuerpo se va a dormir pero todavía queda un observador despierto, observando, en silencio, el cuerpo plácidamente dormido. Ese es el punto álgido en el observar. En vez de que tu CUERPO esté despierto y tú estés dormido, como ocurre ahora, tu cuerpo está dormido y TÚ estás despierto. El cuerpo necesita descanso pero tu conciencia no necesita dormir. Tu conciencia ES conciencia; es alerta, esa es su propia naturaleza.

El cuerpo se cansa porque vive sometido a la ley de la gravedad; es la gravedad lo que te cansa, porque te atrae hacia abajo. De hecho, estar de pie cansa, estar sentado cansa. El cuerpo sólo puede descansar un poco cuando estás tumbado, en horizontal, porque es cuando la resistencia a la gravedad es mínima.

Pero la conciencia no está sometida a la ley de la gravedad; así que, no se cansa nunca. La gravedad no tiene efecto sobre la conciencia; no es una roca, no tiene peso. funciona bajo una ley completamente distinta: la ley de la gracia.

El cuerpo está siendo atraído hacia abajo continuamente. Por eso, al final, tendrá que descansar tumbado en la tumba; ese será, sin la menor duda, su verdadero descanso, polvo eres, polvo serás. El cuerpo tiene que retornar a su fuente.

El alma vuela cada vez más alto. Según te vas haciendo más observador, empiezas a tener alas; entonces, todo el cielo es tuyo. El hombre es un encuentro entre la tierra y el cielo, entre cuerpo y alma.

 

The Dhammapada: The Way of the Buddha

OSHO