Amor y Meditación

Espiritualidad

Yendo Solos Yendo Juntos
AMOR Y MEDITACIÓN

«La espiritualidad es todo aquello que te eleva, todo lo que no te deja estancar,
es aquello que te recuerda que todavía queda mucho camino por delante.
Cada parada en el camino es solamente un descanso para pasar la noche.
Cuando amanezca continuará el peregrinaje. Y el peregrinaje es eterno…»

AMOR Y MEDITACIÓN

“Meditación significa ser uno mismo, y amor significa compartir el propio ser con otra persona. La meditación proporciona el tesoro y el amor ayuda a compartirlo. Esas dos cosas son las más básicas. Todo lo demás no es esencial”.

Osho

La terapia es básicamente meditación y amor, porque sin amor y meditación no ha sanación posible.
El amor es el arte de estar con los demás. La meditación es el arte de estar contigo mismo. Son las dos caras de una misma moneda.
En el amor, conectas con los demás; en la meditación, conectas contigo mismo. Ambas cosas son enriquecedoras.

La palabra “meditación” y la palabra medicina proceden de la misma raíz.
La medicina es para el cuerpo lo que la meditación es para el alma. Es medicinal, es curativa.
O cubres la herida o la sanas, pero no puedes hacer ambas cosas al mismo tiempo. Y para sanarla tienes que descubrirla – no cubrirla. Descubrirla, conocerla, penetrar en ella.

Uno puede vivir fragmentado, dividido, en una continua contradicción; y así es como vivimos. En una guerra civil constante: una parte luchando contra otra, y cada una de las partes tirando en direcciones opuestas. Al menos que se resuelva este conflicto, nadie puede conocer la paz, la quietud, la tranquilidad.

La verdadera paz procede de la comprensión de este conflicto interior, de la observación del conflicto, de la continua observación: ¿Por qué estoy luchando? ¿Por qué?; y profundizando, poco a poco, uno se da cuenta de lo absurdo que es.

osho

 

El ver o aceptar las cosas “tal como son” es de una importancia enorme, en nuestro acercamiento a la realidad.
“Viendo las cosas tal como son, sin tomar ninguna actitud, sin formarse ninguna opinión, sin juzgar o condenar”.

Pues, ¿cómo es que el hombre ha acabado tan dividido? En primer lugar: no eres aceptable tal como eres, así que, te rechazas a ti mismo. En vez de respetarte e ti mismo, te rechazas a ti mismo, en vez de respetarte a ti mismo, respetas alguna idea, alguna idea imaginaria, de cómo deberías ser; y en ese momento, te divides, te conviertes en dos. Fragmentado, por la culpa y el miedo.
Y no sólo nos hemos dividido en dos sino en muchos.
Esta fragmentación no nos permite ser de una sola pieza, y hasta que no seamos uno, no podemos sentirnos en paz.
Cuando hay muchos en ti, eres una multitud, y la multitud es ruidosa. Cuando te conviertes en uno, hay silencio.

En una aceptación: sea cual sea la situación, sin luchar contra ella. Aceptándola de todo corazón, la trascendemos. Porque la trascendencia solo llega a través de la aceptación.
En cuanto uno empieza a aceptarse y respetarse a si mismo, empiezas a completarte. Entonces, no hay nada que te divida, no hay nada que cause la separación.
Es un camino de aceptación. Sin condenarte a ti mismo. Aceptándote tal como eres – ya que tu autocondena sólo crea más división. Y en el mismo instante en que aceptas algo, lo trasciendes, porque la aceptación produce unidad y, cuando estás interiormente unido, posees la energía para trascender.
Deja pues que haya una aceptación de eso que eres – sin condenas. Todo lo que hemos estado haciendo hasta ahora, haya sido lo que sea, ha sido una forma de represión. Simplemente hay que encontrar la manera que no te haga daño, ni haga daño a nadie. Un espacio interior o un entorno que te ayude a hacerte más consciente. Pues cualquier cosa oculta debe ser expuesta a la luz, no intentes reprimirla. Todo eso ha de ser liberado.

“Ten paciencia con todo lo que no está resuelto en tu corazón, e intenta amar las preguntas mismas, como cuartos cerrados y libros escritos en un idioma extraño. Vive las preguntas. Quizás luego poco a poco, sin darte cuenta vivirás un día lejano entrando en la respuesta.
Madurar como el árbol, que no apremia a su savia y se yergue confiado en las tormentas de primavera sin miedo a que detrás pudiera no venir el verano. Pero viene sólo para los pacientes que están ahí como si tuvieran por delante la eternidad. Yo lo aprendo diariamente, lo aprendo bajo dolores a los que estoy agradecido.
¡ La paciencia lo es todo ¡
– R. M. Rilke –