Tathata

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El término ‘tal’- así como es, es de una importancia vital en el enfoque de la realidad.

TATHATA significa: “Ver las cosas tal como son, sin adoptar ninguna actitud, sin estar a favor o en contra, sin formar ninguna opinión, sin juzgar o criticar”.

El hombre puede vivir en fragmentos, en división, en contradicción; así es como vive. De ahí que toda su vida sea una guerra civil constante: una parte luchando contra otra, cada una de las partes tirando en dirección opuesta. Hasta que no resuelve este conflicto, nadie puede conocer la quietud.

La quietud no puede ser impuesta desde el exterior: mana en tu interior. No es algo que se pueda cultivar, no forma parte de lo que llaman carácter. Procede de lo más profundo de tu ser. Se extiende hacia fuera, pero surge dentro, y no al contrario.

Uno se puede sentar en silencio e imponerse cierto tipo de silencio, y si uno sigue luchando y luchando contra la mente, puede alcanzar cierto control sobre ella. Uno puede incluso parar los pensamientos; pero esa no será la verdadera quietud, porque esos pensamientos parados siguen ahí, esperando entrar en erupción. Estás sentado sobre un volcán. Tienes el control, pero tener el control significa que todo aquello sobre lo que lo mantienes todavía sigue ahí, dispuesto a tomarse la revancha, y acabará entrando en erupción con afán de venganza.

Este tipo de quietud no tiene valor. Es como una guerra fría: uno no está luchando actualmente pero se está preparando para luchar. No es verdadera paz, es, tan sólo, una pausa entre dos guerras; se necesita una pausa para poder preparar la siguiente guerra.

La verdadera quietud no es algo que se cultive. La verdadera quietud procede de la comprensión del conflicto interior, de la observación del conflicto interior, de la continua observación –‘¿Por que estoy luchando? ¿Por qué?–, entrando en profundidad en ese porqué, y viendo, poco a poco, lo absurdo que es.

En cuanto empiezas a ver lo absurdo que es, se te empieza a caer; no es que lo dejes tú. Si lo dejas tú, seguirá siendo superficial. Cuando ha caído por su propio peso porque ha surgido la comprensión de que: ‘¡esto es estúpido!’, en la propia comprensión hay liberación. Cuando has visto lo ridículo que es, simplemente, dejas de cooperar con ello; y sin tu cooperación, no puede existir. Te absorbe la energía; es un parásito. Entonces, el conflicto, el conflicto interno, la tensión interna, la contradicción interna, se caen por sí solos porque, a través de la observación, a través de la atención, a través del presenciar, una luz de comprensión ha entrado en ti. Entonces, de repente, brota una quietud que ni siquiera habrías podido imaginar, una frescura que no es de este mundo, algo que te transporta a otro mundo. Sigues caminando sobre la tierra, pero tus pies ya no la tocan. Sigues viviendo en el mismo mundo, pero ya no formas parte de él: ha habido una trascendencia.

Entonces, uno está centrado, completo, sin divisiones, no hay ningún tipo de lucha. Entonces, uno vive momento a momento. Entonces, cada momento es un precioso regalo de dios, y uno vive en una inmensa gratitud. Esa gratitud es oración.

…ACEPTA LO QUE TE TRAE LA VIDA. Eso es TATHATA; lo que sea que te traiga la vida. Acéptalo con gratitud y agradecimiento, porque la vida no tenía ninguna necesidad de traértelo.

Tathata significa aceptación total: cualquiera que sea la situación, no luches con ella. Acéptala de todo corazón, porque la trascendencia se da a través de la aceptación. Si luchas con ella, estarás desperdiciando tu energía. Aceptándola, conservas tu energía. Aceptándola llegarás a ser capaz de entenderla; quien rechaza no puede entender.

Si rechazas algo, si algo te cae mal, anulas la capacidad de comprenderlo; porque evitamos aquello que rechazamos. Nos da mucho miedo, así que, nos lo echamos a la espalda y huimos de ello; encontramos vías y medios para huir de ello. Pero, ¿cómo vas a comprender algo si intentas escapar de ello? Y sin comprensión no hay liberación, no hay transformación.

Tathata significa aceptación total: cualquiera que sea la situación, no luches con ella. Acéptala de todo corazón, porque la trascendencia se da a través de la aceptación. 

En cuanto empiezas a aceptarte y respetarte a ti mismo, empiezas a completarte. Entonces, no hay nada que te divida, no hay nada que cause la separación.

¿Cómo es que el hombre ha acabado tan dividido? En primer lugar: no eres aceptable tal como eres, así que, te rechazas a ti mismo. En vez de respetarte e ti mismo, te rechazas a ti mismo, en vez de respetarte a ti mismo, respetas alguna idea, alguna idea imaginaria, de cómo deberías ser que te dice: no vivas lo real, intenta vivir el “debería”; en ese momento, te has dividido, te has convertido en dos. Tú eres lo que eres, que lo rechazas, lo reprimes; pero quieres ser lo que no eres, que lo amas, lo respetas, lo adoras. Te has convertido en dos.

Y no sólo te has dividido en dos sino en muchos; porque que te han enseñado que el cuerpo es tu enemigo, que el cuerpo es algo de lo que tienes que deshacerte. Te han enseñado que hay que cortar muchas partes de ti, que no eres como deberías ser, ese gran cambio ha de llevarse a cabo.

Naturalmente, empezaste a rechazar tu sexo, empezaste a rechazar tus deseos, empezaste a rechazar tu ira. Y todas esas partes rechazadas son enemigos que hay que transformar. En realidad, no son enemigos, son amigos disfrazados.

La ira transformada se convierte en compasión, el sexo transformado se convierte en oración, la codicia transformada se convierte en generosidad. Pero en el pasado te han dicho una y otra vez, te han repetido durante siglos, que tienes que rechazar esto y aquello. Si te fijas en las viejas enseñanzas, te sorprenderás, rechazan el noventa y nueve por ciento de ti. Sólo aceptan un uno por ciento de ti, algún alma imaginaria de la que no eres consciente en absoluto. Todo aquello de lo que tú eres consciente es rechazado.

Esta fragmentación no te permite ser de una sola pieza, y hasta que no te seas de una sola pieza no hay paz posible. Hasta que no seas una conjunción, integra, cristalizada, no conocerás a Dios; porque Dios sólo le habla a los que son reales, Dios sólo le habla a los que no son una multitud, a los que no son ruidosos.

Cuando hay muchos en ti, eres una multitud, y la multitud es ruidosa. Cuando te conviertes en uno, hay silencio. Sólo convirtiéndote en uno alcanzarás el silencio, y, en ese silencio, puedes escuchar la voz de Dios, en ese silencio, puedes empezar a sentir la presencia de lo divino. Y cuando eres uno, serás capaz de llegar a una comunión con el todo.

El hombre ha vivido de una forma muy parcial, fragmentada, en culpa, en miedo. Necesitamos un hombre nuevo, urgentemente. Ya está bien: despídete del hombre antiguo. Lo viejo sólo ha traído guerras, violencia; ha generado sádicos, masoquistas, ha producido un ser humano horrible. Ha vuelto patológica a la gente, no ha permitido que naciera una humanidad natural, saludable, sana.